17 de Noviembre...
Huye mientras piensa en todos los sentimientos que le gustaría dejar atrás. Corre bajo la lluvia. No tiene destino, pero no le importa. Tampoco tiene punto de partida. Se suele preguntar si realmente llegó a existir alguna vez. Su madre le diría que es una pregunta estúpida. Pero ella ya no está. Está solo. Esta vez sí.
Un olor a césped mojado interrumpe sus pensamientos. Es Su olor. El olor de Ella. La única persona que le llegó a importar verdaderamente. Hasta ese mismo día se había sentido feliz de tenerla. Por primera vez feliz por encajar en algún sitio, aunque sólo fuera dentro de Su cama. Ella lo traicionó, Él no supo satisfacerla. Ella quería más dinero, más lujo...¿Qué se podía esperar de un pobre estudiante? Le superaba en edad, en glamour, en amigos...en prácticamente todo. Por eso no se atrevía a dejarse ver con aquel muerto de hambre. Ella era lo que cualquier hombre podía soñar...Y Él se hizo ilusiones pensando que era el único. Pobre inocente.
A los tres meses llenos de felicidad para Él, Ella se cansó y le dijo que no quería volver a verlo. Y así de sencillo fue para Ella...¿Otro amor roto? Sí, pero con catastróficas consecuencias para el bicho raro que traía el café, para el hijo nunca querido, para el niño que nunca había tenido amigos, para el alumno que nunca destacó...¿Y qué significó para Ella? Un simple agobio, un mosquito aplastado contra el parabrisas de su brillante y lujosa vida. Demasiado poco para Ella. Esas fueron sus palabras aquella fatídica noche.
Llegó a su improvisado destino, lo había encontrado. Había dejado de llover. Aquel puente le había atraído sin apenas darse cuenta. Pensó en la fecha de aquel día. 17 de Noviembre.
Nunca lo volvieron a ver, aunque igualmente, nadie notó su ausencia.



